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martes, 21 de diciembre de 2010

Efecto dominó

1 comentarios

Si en algo nos ponemos de acuerdo es en lo hastiados que estamos de la inhóspita sociedad en la que vivimos. Nos hemos vuelto individuos quejumbrosos que, lejos de tratar de hacer algo para mejorar, preferimos vociferar pestes de la realidad que nos rodea.


En cuanto a violencia se refiere, es injusto echarle toda la culpa a los golpes y a las palabras, hay que tomar en cuenta que esta se manifiesta en cadena desde el niño que vive en extrema pobreza debe abandonar sus estudios para trabajar y ayudar a sus padres; el que va a la escuela, pero no puede concentrarse porque el estómago le pide comida; la niña que al llegar del centro de estudios debe encargarse de atender las labores del hogar y cuidar a sus hermanitos; el joven que no puede continuar con su educación superior por falta de ingreso y empleo que le permita obtenerlos; la madre soltera que se manifiesta peligrosamente en medio de la calle para que el juez le devuelva la pensión alimenticia para su hijo; los profesionales frustrados a los que les toca aceptar cualquier tipo de trabajo porque “la necesidad tiene cara de chucho”; el oficinista que soporta a su jefe a falta de una mejor oportunidad; la señora que tiene que aguantarse el dolor porque en el seguro no hay medicinas y no le alcanza para comprarlas en la farmacia; los que madrugan para lograr llenar la pila y otros barriles aprovechando que está cayendo el agua; el vendedor que es removido de su lugar habitual de trabajo; aquella a quien le niegan la entrada a un lugar por tener apariencia humilde; familias desintegradas por la intromisión de un tercero o la crisis que obligó a alguno a partir en busca del sueño americano; el mendigo que duerme en los portales de la ciudad y se cubre con un caja de cartón; entre otros muchos casos que a diario atraviesan la mayoría de salvadoreños, aquellos que luchan por salir adelante y sobrevivir día con día.


La globalización tuvo un impacto un tanto erróneo en nuestra sociedad. Sí, nos ha mantenido a la vanguardia tecnológica con otros países evitando que nos sumerjamos más en el tercermundismo, pero de qué sirve eso si el 30% de los ciudadanos sigue siendo analfabeta y las nuevas generaciones utilizan equivocadamente la televisión y el internet en lugar de nutrir su vocabulario, conocimientos e imaginación con aquellas joyas bibliográficas que tanto poseen.


Nos hemos convertido en sujetos que actúan por impulso, no meditamos lo que hacemos y nos dejamos llevar por la corriente; el mejor ejemplo lo vivimos justamente en esta época, en la que miles están endeudándose o acabándose el dinero que con tanto esfuerzo (en la mayoría de los casos) se han ganado, en presentes que corren el riesgo de acabar en la bodega si al receptor no le agradó.


Por si fuera poco, la tendencia muestra que esto seguirá en alza y lo superficial reinará hasta el final de los tiempos…

One Response so far

  1. Miguel says:

    definitivamente allá afuera esta de locos las calles están abarrotadas de personas que botan el dinero en cosas innecesarias, y esta locura colectiva que nos invade en esta época, eso y que ya inicaron los anuncios de la teletón, hace parecer que ya no hay muertes ni violencia en el país, pero esta presente en los horrorosos traficos que hay en las calles, en las filas de las cajas de los superes, en todos lados. la verdad muy interesante esta publicación.

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