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martes, 29 de marzo de 2011

La irracionalidad de nuestra realidad

1 comentarios

Desde que Obama anunció el 25 de enero que en su gira por Latinoamérica visitaría Brasil, Chile y El Salvador inició la locura mediática. Recuerdo que cuando lo anunciaron en uno de los noticieros del mediodía hasta sacaron una mini trayectoria política de él. Absurda a mi parecer porque años atrás cuando se lanzó a la candidatura presidencial estadounidense y la ganó nos saturaron con el mismo tipo de información.


En aquel momento estaban latentes los temas del cambio de presidencia en el primer órgano del Estado, la canasta básica iba en alza y seguía en mesa de discusión la distribución del subsidio al gas licuado.


Se fue acercando la fecha y la cortina de humo iba haciéndose cada vez más grande. La semana previa al arribo del presidente Obama y su familia al país los bloques de los noticieros se llenaban de un recuento de las visitas de los presidentes estadounidenses a tierra cuscatecla, las ocasiones en que habían coincidido los presidentes Funes y Obama, la agenda a seguir en su visita, expectativas por parte de los empresarios, diputados y demás miembros de partidos políticos, e incluso aspectos tan burdos, para mí pues, como curiosidades para conocer al hombre más poderoso del mundo, las especificaciones del Air Force One y una lista de etcéteras de los que usted también pudo ser testigo.


Llegó por fin el 22 de marzo y desde temprano todo era un caos; mientras algunos disfrutaban del inmerecido asueto otros tenían que enfrentarse a las atascadas calles que colapsaban por el cierre de las arterias por donde iba a pasar “La bestia”. Los medios de comunicación vistieron sus mejores galas, tanto en el estudio como a la hora de salir a reportear.


En El Salvador reinó la limpieza y la seguridad; temas como la pobreza, el analfabetismo y la falta de garantías de todo tipo poco importaban. Debíamos rendir pleitesía al presidente de mundo que había osado tomarnos en cuenta por ser un aliado estratégico y el líder de la región centroamericana.


Muestra de lo anterior son las declaraciones de algunos ciudadanos cargadas de folclor que expresaban, entre otras cosas, que “estaban vivos por ver al presidente Obama”, “que tenían la esperanza de poder ver a esa señora que solo se ve en la tele”; e incluso el que al ver pasar la limosina que lo dirigía a la embajada estadounidense (que por cierto es la segunda más grande en todo el mundo) la gente le gritara, aplaudiera y hasta tirara besos.


Y mientras todos criticaban por pasatiempo a Funes, el protocolo, la vestimenta y los discursos, pocos se dieron cuenta que la visita de Obama realmente fue un llamado de atención, una forma sutil de quererse sacudir tanta petición.


Por tanto, es momento de que el gobierno deje de vanagloriarse por las magníficas relaciones que se mantienen con la nación más poderosa del mundo, y ponga manos a la obra para potenciar el recurso humano y ofrecerle las garantías necesarias para que no busque el sueño americano que de fantástico muchos se dieron cuenta que no tiene nada, a manera de erradicar la emigración masiva y evitar que se proliferen cada vez más los genocidios a manos de las redes de crimen organizado.

One Response so far

  1. Miguel says:

    Totalmente de acuerdo, yo siempre dije a mi no me importa que venga Obama si las cosas en el país no mejoran. como leia en un post por ahí, solo porque haya venido no se van a ir los mareros o se van a disminuir los homicidios. Gobierno ponganse actuar, queremos resultados.

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