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martes, 15 de marzo de 2011

Círculo vicioso

2 comentarios
"El bienestar público se hace con la felicidad de cada uno", Albert Camus.

A veces me pongo a pensar que escribir sobre estos temas es hasta cierto punto algo contradictorio. Por un lado me siento un poco obligado a dar mi opinión, pero por el otro es como si todo fuera en vano.

Aunque es cierto que las comparaciones odiosas son inevitables, también es cierto que cada vez que se toca el tema del sistema educativo prácticamente se ignora el hecho que nos enfrentamos a algo estructural. No es tan sencillo como simplemente hablar de lo mal que está el alumnado.
Francamente aquello de la falta de oportunidades, por más trillado que sea a estas alturas, no es más que el reflejo del círculo vicioso en que se ha convertido el problema de la educación. Es como la mítica serpiente que se muerde la cola.


Piénselo. No es simplemente un problema de cambio en programas curriculares educativos, eso es algo que ya se probó.

El problema, aunque estructural, pasa por varios puntos.
Para comenzar hay que aceptar que vivimos en un país tercermundista en el cual los alumnos desde niños reducen su posibilidad de estudio, dado que deben trabajar para ayudar a la familia o simplemente porque, aunque la educación sea gratuita, hay muchos más gastos que el pago mensual. Los alumnos que ni siquiera pueden comer se ven obligados a abandonar las escuelas. Volvemos al problema estructural.

Créame que se siente tristeza infinita cuando año con año en la Universidad de El Salvador se escucha el mismo estribillo: "educación primero para el hijo del obrero, educación después para el hijo del burgués". Triste.
Receso cultural.



"And I have seen boys like these, younger than these, their arms torn out, their legs ripped off. But there is nothin' like the sight of an amputated spirit. There is no prosthetic for that". Al Pacino en Scent of a Woman.


Creo que hay que revisar, además de programas educativos, a los mismos aplicadores. El gremio de maestros me dio la decepción de mi vida cuando en sus protestas para recibir aumentos, llevaban pancartas con horrores ortográficos. No puedo creer que aquellos estudiantes que no tuvieron la calidad suficiente para pasar el examen de ingreso a la UES entren a estudiar profesorados y luego sean quienes eduquen a las siguientes generaciones. El sistema educativo está podrido desde muchos lados. Es inevitable decepcionarse.

La educación privada, pese a lo que podría parecer, tampoco es la maravilla que se nos vendido con el asunto de las acreditaciones a universidades privadas. He conocido mucha gente con educación privada que realmente no están preparados para el ámbito laboral.
Si el país sigue así, ¿cómo planeamos salir del subdesarrollo?

Como idealista de los estúpidos, todo lo que se me ocurre es revisar los planes de estudio, evaluar la calidad de la docencia, poner filtros en la educación superior y, sobre todo, educarnos día a día. ¿Cómo? Los medios de comunicación con el contenido que muestran, en nuestros hogares, día a día.
Los dejo con esto por si se animan a verlo:



Al final, no es más que mi opinión. Y yo no soy nadie.(Interesante, una doble negación.)

2 Responses so far

  1. Miguel says:

    Totalmente de acuedo, es algo estructural; lo único que hacemos es hecharnos la culpa unos a otros, los padres muchas veces dejan toda la carga de la educación de sus hijos a los maestros y los padres son los principales responsables de esta. es triste ver que los alumnos quieran ingresar con notas de 3 o menores a la UES. Ahora bien, es cierto que el sistema educativo es deficiente y no es algo nuevo, pero la educación es responsabilidad de cada quien y si en el colegio o escuela no me dan todo lo necesario ya corre por mi cuenta investigar y nutrir mi conocimiento.

  2. Roberto says:

    Aquí con ser mediocre y simplemente querer entrar creen que merecen lo que piden, y lo de arriba, no hay que quedarse nunca con lo que te deja el colegio o universidad.

    Y Waiting for Superman muy recomendada, no es bueno comparar pero termino pensando: qué mal ellos o qué tan mal nosotros?

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