Es momento de subirse al tren
Fuerza de la red
Algunos consideran que las redes sociales son las que cambiarán el mundo, que estas harán que todos los seres humanos nos comuniquemos y nos entendamos de forma clara y simple. Ha llegado a tal punto que hoy se habla de que gracias a las redes se derrocó al gobierno egipcio y que podría pasar en otras partes del mundo. Esta afirmación la escuché no solo de las personas que tengo a mi alrededor, sino también de la boca de una presentadora de noticias de un canal español.
Por otra parte está la postura que sostiene que las redes sociales son solo una moda, que estas no cambiarán al mundo y que en lugar de unir separan, ya que muchas personas han dejado de vivir la realidad para refugiarse en un cuarto solos, "hablando" con personas que jamás han visto en su vida, fingiendo algo que no son, presumiendo de tener miles de amigos en la red y ni siquiera saben si la foto que aparece en la hoja corresponde realmente a la persona, si es que tienen foto.
Para mí, la simple realidad es que las redes sociales significan algo diferente para cada persona, no creo que exista algo que pueda hacer cambiar al mundo excepto el mismo ser humano y no una página de internet, cuando la persona cambie también cambiará el mundo.
No son ni buenas ni malas, simplemente son una herramienta más de la tecnología y la modernidad, su impacto social depende del ser humano y no creo que tengan mayor fuerza. Termino este breve comentario señalando que una red o grupo de amigos cibernéticos, si se puede llamar así, no es nada más que una forma de divertirse y no creo que las redes brinden algo más que eso, diversión y punto.
Entre lo irreal y lo aparente
Las redes sociales sin duda se han convertido en el fenómeno sociológico del siglo y es que del uso adecuado de ellas se desligan casos de éxito tan contrarios como la campaña vía Facebook, MySpace y Youtube (Yes we can) de Obama; y la recién pasada crisis en Egipto que con el envío de mensajes a través de Facebook y las alianzas entre Google y Twitter para que los 140 caracteres se convirtieran en voces lograron la retirada de Mubarak después de intensas semanas de protestas contra el régimen.
Imposible no reconocer el nivel de organización y la colaboración de los medios para mantener al resto del mundo enterado de todo lo que acontecía. Aplausos y un hurra para ellos.
Sin embargo, al trasladar el fenómeno al plano individual, la importancia que muchos le dan como herramienta transgrede los límites de lo racional. Es importante dejar en claro que un post en Facebook o 140 caracteres en Twitter no definen a nadie. Imposible creer que se conoce a alguien por la información que por estos medios se comparte.
Con lo frágiles que son cualquiera puede proyectarse como un gran aventurero sin nunca haber salido de las 4 paredes de su cuarto y todo lo saca de documentales, películas y, con suerte, de libros y enciclopedias.
Importante destacar que, aunque como herramientas facilitan la interacción con personas que tienen intereses afines y no tan afines a los nuestros, las redes sociales NO cambian vidas. Ojo con esto. Son solo una vía de expresión más que nos facilita el poder externar lo que confluye dentro de nuestra cabeza.
Que Facebook ocasionó 28 millones de rupturas según un artículo publicado el 24 de enero pasado – me dirán –; pero si leyeron bien sabrán que las separaciones derivan de la búsqueda de amores del pasado, he ahí el meollo de la situación. El problema no fue la red, es que la persona por más enamorada que dijo estar de su pareja actual seguía pensando en su ex y no descansó hasta reencontrarse con ella a través de este medio. Bien dicen que “donde hubo fuego cenizas quedan”.
McLuhan estaría extasiado al ver que la aldea global que planteó en 1968 se ha vuelto una realidad, lo que nunca vio venir fue la desconexión del mundo real que el auge de esta ocasionaría.
Lo real y lamentable del caso es que además de deformar el lenguaje a través de la economía lingüística para poder extender el mensaje hemos pasado de expresarnos con palabras a hacerlo con íconos ( :), XD, :/, u.u) que por convención social todos hemos adoptado.
No pretendo decirle cómo tiene que manejar sus cuentas y mucho menos sus relaciones. Simplemente haga un análisis, discrimine en lo que decide creer y coseche el arte de la conversación frente a frente, que deja al descubierto y le permite disfrutar de las reacciones de su interlocutor.
Cisnes negros
Asesinos al volante
Soluciones (por favor)
Por lo tanto es seguro que en el mayor de los casos los empresarios obtendrán lo que buscan si entregar mucho a cambio. ¿Por qué no simplemente, si representa tantas pérdidas para ello, entregan el sistema de transporte público? pero ojo ¿el gobierno tiene la capacidad para, de un día a otro, manejar este sistema tan lleno de fallas?
El Gobierno debería ponerse a pensar que, independientemente de si accede a las peticiones de este sector, el problema seguirá creciendo porque por más subsidio que se les de a los buseros la gasolina no va a dejar de subir de precio, los vehículos en mal estado seguirán deteriorándose, las unidades seguirán fallando, los conductores seguirán cometiendo infracciones. Otorgar subsidio es meramente poner una puntada a una lesión craneoencefálica. Es necesario que también en este tema se tenga una visión a futuro, no sólo del gobierno sino también de los empresarios, hay que comenzar a proponer soluciones a esto problemas "faciles".
La primera vez que oí hablar de un proyecto de metro para San Salvador me reí del exalcalde Mario Valiente, claro yo era un joven tonto que no pensaba claramente, como la mayoría de jovenes que por motivos políticos no ven que una idea puede ayudar a solucionar un problema independientemente de su lugar de origen. Claro, ahora pienso que el metro es una buena idea, que debe ser mejorada si, pero una buena idea. Claro, como eso afecta directamente los puntos de vida de los empresarios del transporte es una mala idea que debe ser atacada siempre que surja, pero por favor, la solución no va a ser siempre venir y darle subsiodio a estas personas que no dan ni las gracias. "Malditos, malditos todos"