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domingo, 9 de octubre de 2011

Nada que perder, todo por demostrar

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Es cierto, toda empresa, fundación, ong, busca un beneficio a través de sus campañas. Sobre todo aquellas impulsadas por las empresas como Responsabilidad Social Empresarial (RSE), que pretenden hacernos creer que el único fin es ayudar y no elevar su ranking de imagen e incluso descontarse un par de ceros a través de la excepción de renta. Doble moral en vivo y a todo color.

Pero ¿qué pasa con nuestra doble moral? ¿Se han dado cuenta que cuando participamos o dejamos de participar, por las razones que sean, también estamos persiguiendo/obteniendo un beneficio? En primer lugar, el que participa logra identificación en redes (que parecer ser el non plus ultra de la popularidad en estas épocas), horas sociales e incluso algún tipo de remuneración; y el que no lo hace, a pesar de considerarlo como algo válido en su interior y haberse quejado en algún momento, prefiere mantenerse escéptico y tirar eventualmente un par de críticas. Sí, ahora resulta que la indiferencia es "cool".

Pese a lo anterior y con todo y lo que persiguen los impulsadores de las campañas y el público participante, es refrescante encontrarse con aquellas que en lugar de lucirse mostrándonos sus aportes nos hacen tomar el toro por los cuernos y demostrar que nosotros también podemos.

Por lo general nos mostramos pasivos ante lo que ocurre y pocas veces nos lanzamos a hacer pequeñas pero significativas cosas. Es cierto, "una sola golondrina no hace verano", pero es precisamente la oportunidad perfecta para señalar que no tenemos nada que perder, más bien tenemos todo por demostrar.
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sábado, 13 de agosto de 2011

Deseos positivos

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Desde pequeño he notado que existen ocasiones en las que entro a un negocio vacío y de la nada, empiezan a llegar a consumir. Hago las veces de imán. Con mi mamá -con la que comparto esa cualidad- decimos que tenemos "buena espalda". Al ratito de llegar, entran al menos 3-4 personas que no estaban cuando habíamos llegado. En ocasiones me gustaría poder decir que cuando he tenido negocio me ha funcionado, pero no es así. O cuando no tengo entradas de dinero ir a ofrecer mis servicios para beneficiarnos tanto el dueño de un negocio "x" como yo.

Hay que verle la enfermedad al paciente. No es con truquitos de mentes sugestionadas como la mía que se va mejorar la situación económica del país. He de confesar que de eso sé poco, prácticamente nada. Lo que tengo es instinto de supervivencia, y ese no sirve de nada si no se puede dinamizar, y cuando se toma el pulso, tratando de averiguar si han mejorado las condiciones, la respuesta es la misma. Todo está para el tigre. Las ventas bajas y los centros comerciales y supermercados están a reventar. Consumismo, consumismo, consumismo. Leí un artículo que decía que el 65% de la población económicamente activa no ahorraba. Inclúyanme ahí, voy coyol quebrado, coyol comido.

Las instituciones gubernamentales no hacen su parte. No hay planificación, no hay ejecución. Todos corren como pollos sin cabeza. Los máximos responsables bloquean su visión con una densa capa de humo de faso con respecto a la sana autocrítica y, lo que es peor, la realidad misma. Es una pequeña muestra de la colección de desconceptos que manejan quienes llevan las riendas.

Las medidas anticrisis no sé si dan risa o pena ajena. Tiene que ser una mezcla de ambas. ¿Ponerle curitas a un paciente con cáncer, darle acetaminofén a alguien en coma; es así como nos vamos a levantar? No nos queda más que desear que nos vaya bien.
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jueves, 11 de agosto de 2011

Educación víal para todos

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Un amigo fue a Guatemala a visitar a una amiga el año pasado. En una salida fueron al Centro de la Ciudad de Guatemala, ella iba manejando y mi amigo en el asiento del acompañante. Necesitaban cambiar de carril y mi amigo, como buen salvadoreño, comenzó a hacer señales a los otros conductores para que les dieran permiso; pero su amiga le preguntó, muy sorprendida, que qué hacía. Estoy pidiendo vía, contestó él. Ella le dijo muy extrañada: ¡Aquí con sólo poner la vía entienden y te dan permiso!
Como en muchas cosas, los salvadoreños necesitamos "educarnos  víalmente". Siempre protestamos por los conductores de autobuses, pero como transeúntes o conductores dejamos mucho qué desear.
Si vamos tras el volante no nos alcanza la calle, aceleramos en lugar de disminuir velocidad ante un semáforo en anaranjado, nos encanta "salir de vivos" ante los demás. Les señales son un caro adorno en las calles asfaltadas y nos quejamos de la imprudencia de los transeúntes, que de cierto tiene mucho, pues las pasarelas e incluso las aceras también son un caro adorno.
Las autoridades no se quedan atrás. Es típico escuchar como les piden "para los frescos" a quienes detienen o abusar de su autoridad o hacerse del ojo pacho, todo según la ocasión.
Otro asunto que no es muy comentado, pero que deberia ser parte de la educación víal y de hecho imparten algo de ello en cursos de manejo, es el mantenimiento del vehículo. Estoy seguro que si la gente se preocupara por esto, no habrían cada mañana automóviles varados o, peor aún, accidentes.
He visto como muchos se niegan a dar espacio a vehículos para cambiar de carril, lo que genera más embotellamiento, tanto para uno como para otro.
Todo debe comenzar por un cambio de actitud, dar el ejemplo, aunque piten muchos desesperados. Es un asunto de convivencia. También eso es paz.

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viernes, 10 de junio de 2011

El Salvador, país de los tamales

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No hay duda que vivimos en el país de los tamales y los hay de todos tipos. Los primeros, son los ricos, los que vienen envueltos en hoja. Los hay para todos los gustos. 
Luego vienen los tamales amigos de lo ajeno, quienes a punta de algún arma despojan a los honrados de lo suyo. A veces no usan armas, sólo cuello blanco y un poco de labia. 
Finalmente están los tamales políticos, de esos que se odian a muerte a la luz pública, pero se aman en privado, se ayudan entre ellos de la manera más "disimulada" y ya, no pasa nada (aparentemente).
El tamal político de los últimos días sólo viene a confirmar que la gente que se mueve en estos medios es un asco. Se los comento de manera llana: 4 magistrados habían comenzado, por fin, a hacer un trabajo decente en materia constitucional, prueba de ello es la inminente desaparición del PCN y del PDC; luego 84 diputados, al verse en peligros por diversos rumores, deciden maniatar a los magistrados obligándolos a la toma unánime de decisiones; y, finalmente, un presidente que, burlando toda burocracia, permite la existencia del asqueroso decreto que amarra las decisiones de los magistrados.
Hay cosas interesantes que deben considerarse antes de mirar esto como "un proceso normal en todo país con una democracia en construcción". Primero, la fama de uno de los magistrados de la sala de lo constitucional, omito nombre pero ya han de saber de quien hablo, un amigo de ciertos grupos. Segundo, los rumores de lo que estaba en agenda de los magistrados: el TLC, la dolarización y la ley de amnistía. Ojo con esta última.
Tercero, la forma en que fue aprobado el decreto en la Asamblea: se aprobó sin los votos de la bancada del FMLN y se registró la abstinencia del diputado de Arena, Guillermo Ávila Qüehl. Cuarto, la rapidez con que el ciudadano presidente sancionó el decreto y lo mandó a publicar. Y, digamos que es una curiosidad, ahora que se quiere derogar el decreto existan personas/ partidos con poco entusiasmo por esto. Eso de que lo quieran derogar tampoco me parece tan sencillo.

No se crean los rumores, no confíen en las palabras de ningún diputado o político del país; los grupos civiles tampoco son lo que parecen. Analicen bien las acciones, nada más. Qué le conviene a quién y porqué. Uno nunca sabe cuando estarán amarrando un tamal y qué llevará dentro.
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miércoles, 30 de marzo de 2011

23 horas de locura

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La semana pasada se verificó un acontecimiento en El Salvador que ninguno de sus antecedentes logró. Ni Herbert Hoover, en 1928; ni Lyndon B. Johnson, en 1968; ni más recientemente Bill Clinton, en 1999 con Calderón Sol o George W. Bush, en 2002 con Flores: paralizar la capital por 23 horas.

Barack Hussein Obama II, el 44º presidente de Estados Unidos de América pisó tierra salvadoreña y no muchos tienen claro cuáles eran sus objetivos. De más está decir que en Centroamérica somos el patio trasero del gigante vecino norteño, pero si en Chile y Brasil primaban agendas relativas al comercio y otros asuntos bilaterales, se piensa que aquí se trataba de dar un espaldarazo al presidente Funes y reafirmar lazos de cooperación -como prorrogar el TPS-, pues se calcula que hay una población salvadoreña afincada en aquel país cercana a los 2.5 millones.

Gente presente en los actos que presidió Obama hablan de su presencia y su porte. La forma en la que atónitos le prestaban atención y su voz se hacía sentir daba una sensación de tranquilidad, pero eso es harina de otro costal.

El inicio de hostilidades en Libia por parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) lideradas por Estados Unidos no agarró a nadie más que a los periodistas con la guardia abajo. Obama sabe qué es estar en situaciones adversas, incluso desde pequeño. En Indonesia, donde vivió su niñez, acudió a un colegio católico, a pesar de ser protestante y estar en un país de mayoría musulmana. Haberse criado en múltiples entornos, con todo tipo de costumbres, idiomas y culturas hubiera llevado a cualquiera a pensar que Obama tratase de implicar a la gente en caminos no guerreristas y en la unión de todos para tener una ganancia común (no precisamente más petróleo para su país). Máxime tratándose de un premio Nobel de la Paz.

Pero hablar de ese tipo de detalles tampoco es mi propósito. Quiero centrarme en el desorden que se generó con esta visita del dignatario y la parafernalia que se dio, como por ejemplo el monumental atasco de vehículos que hubo. Desde horas antes que llegara, San Salvador vivía una intensa agitación. El desenfreno causado por la visita del presidente de Estados Unidos era evidente por doquier: trabajadores limpiando las calles, enormes vallas publicitarias con su fotografía por todos lados, reordenamiento vial, cierre de calles, y un dispositivo policial impresionante.

Cuestiono, ¿valió la pena? Para mí sí y no. Voy a explicar mi ambigua respuesta. Que haya incluído nuestro país en su gira implica ubicarnos en el mapa geopolítico. Que anuncie destinar fondos para que se maneje la seguridad de la región y que refrende su compromiso a apoyar una reforma migratoria también lo es. Pero asimismo hay aspectos negativos, creo que uno de ellos es que tuvimos un espejismo -amén de esconder la basura bajo la alfombra y maquillar los defectos de nuestra capital para hacernos enseñar "lo bonito"-, se respiró tranquilamente en la ciudad y no hubo asesinatos. ¿Debe haber visitas de figuras públicas para tener ese tipo de noticias? Creo que no.

Hago votos porque en un futuro inmediato no sea menester recibir a un alto funcionario para que el contador de fallecidos por causas violentas se quede en cero. Si así debe ser, pues, que se venga esa pléyade de personas que nos permita lograrlo y, ¡bienvenidos al psiquiátrico!
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martes, 16 de noviembre de 2010

Invisibilidad e Impunidad.

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"♫Vengo de un barrio siempre a punto de estallar...♫

(Paradójicamente en el Día Internacional de la Tolerancia...)
Recuerdo cuando era niño, haberme sorprendido cuando recien fallecido mi hermano, se comenzaron a llenar las páginas de los periódicos, de fotos de guerrilleros y soldados muertos en la Ofensiva de 1989. 
Desde entonces y hasta leer a mis 14 años las crónicas de la guerra con Honduras en 1969, sentí que había visto la muerte, y que todo era alimento para mi premisa. Algo anda mal con nosotros.
Únicamente esa idea podría explicar como podíamos ser un país en el cual vemos crímenes a diario y no decimos una sola palabra, como si fuera un acto de simple idiosincracia nacional. 
Pero cuando la muerte de Karen Yamileth Cordero se esparció como un reguero de pólvora por las redes sociales, cumpliendo una de las pocas funciones realmente admirables, fue hasta insultante como los medios de comunicación (comunicación?) masiva, casi en su totalidad minimizaron el hecho como si se tratara de algo tan trivial y aburrido como el hecho que los alcaldes se cambien de partido.

De pronto las teorías sobre lo que realmente pasó, acabaron por comentarse únicamente en redes sociales. La muerte de Karen Yamileth Cordero se volvió una cifra. Karen Yamileth Cordero fue uno más de los salvadoreños invisibles que se victimizan a diario, una y otra vez, porque nunca conocen la justicia.
¿Qué le pasa a mi país?
¿Es correcto que una muerte tan ridículamente ocasionada pase al olvido?
¿Dónde quedó la responsabilidad civil de la cadena de supermercados de los señores Calleja?
Y, lo peor, ¿Dónde está la responsabilidad PENAL de los vigilantes que confinaron a Karen Yamileth Cordero?
Me pone nervioso sobremanera pensar que ese es el procedimiento autorizado por las empresas privadas para ese tipo de casos. 
Salvadoreño: Culpable hasta que se compruebe lo contrario.
Salvadoreño: Proceso sumario. Muerte.

La desigualdad de la justicia en este país se perpetúa en parte gracias a los medios permisivos y complacientes con las empresas privadas.

Es increíble que el problema de la impunidad, hermana gemela de la criminalidad, hija por derecho de la pobreza, importe menos para nosotros que la nueva transnacional que viene a "competir" en el mercado nacional.
Desde situaciones tan pequeñas, se nota que estamos tan inmersos en mundos recubiertos de plástico.
Vendimos la justicia y salimos perdiendo.
Mientras los muertos sean nada más números, una nota de 30 segundos en un par de noticieros, una foto en el periódico, o tan invisibles como Karen Yamileth Cordero, mientras no se detenga este ciclo de impunidad, este país seguirá sin rumbo, envuelto entre sombras y mentiras. 
Como dijo Menéndez Leal: "Mejor digamos Mierda."
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